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C. Frías (Morph): “La demanda de vivienda limita la calidad de la arquitectura en España”

El arquitecto afirma que la normativa en materia de sostenibilidad que obliga a calcular la huella de carbono, que entrará en vigor el próximo 1 de enero, cambiará “de forma bastante drástica” la manera de construir edificios.

C. Frías (Morph): “La demanda de vivienda limita la calidad de la arquitectura en España”
C. Frías (Morph): “La demanda de vivienda limita la calidad de la arquitectura en España”

Biel Huguet

3 abr 2025 - 05:00

César Frías, consejero delegado y socio fundador de Morph, explica que tanto “la poca capacidad del mercado” para producir viviendas en España como la demanda existente limitan la calidad de la arquitectura en el país. Pese a ello, argumenta que el trabajo que los arquitectos hacen es “muy defendible”, porque se lleva a cabo con pocos medios y un coste por metro cuadrado inferior al de otros países europeos.     

 

Morph está trabajando actualmente en multitud de proyectos residenciales en España, Portugal y Andorra, construye viviendas de lujo en Arabia Saudí (donde tiene oficina), y tiene en marcha proyectos residenciales en Canadá, así como de hospitality en República Dominicana. En cuanto a proyectos singulares, el estudio trabaja en aeropuertos y ciudades de la justicia en diversas localizaciones. Asimismo, contribuye a desarrollos urbanísticos para la regeneración urbana. 

 

 

Pregunta: ¿Se están haciendo edificios de primera categoría en España?

 

Respuesta: Considero que en el país se está haciendo buena arquitectura. La calidad media de la edificación que se está llevando a cabo es muy defendible, aunque se hace con pocos medios y un coste por metro cuadrado muy inferior al de casi cualquier lugar en Europa. En general, se hace arquitectura de mercado y, de manera puntual, algún edificio singular. Lo que ocurre es que la poca capacidad del mercado y su demanda unitaria limitan la calidad de la arquitectura en España. No obstante, el trabajo que se hace aquí es mucho mejor que en la mayoría de los países que conocemos, gracias al gran empeño de los profesionales españoles.  

 

 

P.: ¿Qué ejemplos hay en España que destaquen por su buena y/o mala arquitectura?

 

R.: Considero que la arquitectura que visitamos (grandes catedrales, teatros, museos, etc.) es residual. El 80% de los metros cuadrados que se construyen son destinados a vivienda. Además, existen edificios de uso industrial, comercial, etc. La arquitectura singular es algo que agradece una pequeña parte del mercado español, son proyectos contados. En cualquier lugar de España, se puede encontrar buena arquitectura y arquitectura de mercado. Depende de la lucha que el profesional tenga con su cliente y del esfuerzo que lleve a cabo. Creo que, en general, la arquitectura mejoró a raíz la crisis. Si miramos a lo que se hizo hasta 2007, había una urgencia por construir cuantos más metros posibles, mejor. Cuando hubo necesidad de vender, se empezó a poner el foco en la arquitectura singular, porque se debían ofrecer lugares diferenciales donde trabajar y vivir.

 

 

 

 

P.: ¿Qué aprendizajes se adquirieron con esa crisis? 

 

R.: Todo aquello dejó como buena costumbre el intentar hacer las cosas bien, pero el mercado tiene necesidad de metros cuadrados de vivienda que se satisface por igual mediante buena y mala arquitectura. Los arquitectos debemos ser capaces de demostrar a los agentes que los proyectos de arquitectura buena (y singular) son rentables y merecen la pena, por dos posibles motivos: o bien queremos dejar un legado o bien somos capaces de rentabilizar esa singularidad. Tanto en España como en cualquier otro país es difícil que se ponga en valor. No hay zonas mejores ni peores en cuanto a arquitectura. Se está haciendo buen trabajo en lugares de la Castilla vaciada (porque un buen estudio de arquitectura es capaz de sacar adelante un buen proyecto), a la vez que se están haciendo ejemplos de mala arquitectura en Barcelona, que cuenta con una escuela de diseño fantástica. 

 

 

P.: ¿Cuál es el futuro de los edificios más a corto plazo?

 

R.: La normativa en materia de sostenibilidad que va a entrar en vigor cambiará de forma bastante drástica la manera de construir edificios. El próximo 1 de enero (de 2026), tendrá que empezar a calcularse la huella de carbono generada por los inmuebles de más de 2.000 metros cuadrados. Y para 2027, la norma ya aplicará también al resto de edificios. Esto posiblemente cambiará ciertos aspectos a la hora de tomar decisiones para construir. A la vez, se prevé una gran irrupción de proyectos de rehabilitación y, posiblemente, ciertos programas de redensificación, para intentar no construir más allá de lo indispensable, así como regenerar al máximo los núcleos de las ciudades y densificar en aquellos lugares que tienen un valor añadido para sus habitantes. En definitiva, se llevará a cabo mucha rehabilitación, el programa de redensificación y reestructuración dentro de las ciudades y también la construcción de obra nueva, siempre con un mayor cuidado en cuanto a la huella de carbono.  

 

 

P.: Habla de no construir más allá de lo indispensable, pero ¿hasta qué punto es necesario construir más (o no)?

 

R.: En términos generales, sí es necesario construir más. Quizá no lo es en lugares como Ávila o Palencia. De hecho, en la España vaciada, lo que tiene más sentido es rehabilitar, porque se suele tratar de poblaciones que ya cuentan con un buen número de servicios y, además, evitaría emisiones de dióxido de carbono (CO2). No obstante, existen cuatro o cinco polos en España donde no hay más remedio que construir. Por ejemplo, Madrid cuenta con mucho talento que necesita residencia. Además, Barcelona y Valencia también necesitan nuevas viviendas. Málaga y la Costa del Sol están captando a muchos nómadas digitales, así como a muchos jubilados, que eligen la zona por su clima y, por tanto, registran un crecimiento muy notable de población. Esta provincia necesita ya 600.000 nuevas viviendas (según un informe del Banco de España).  

 

 

P.: ¿Qué papel juega la Inteligencia Artificial (IA) en la arquitectura?

 

R.: Ahora mismo tiene un protagonismo bastante reducido. Llevamos a cabo nuestro primer proyecto con este tipo de herramientas hace 8 años, de la mano de la firma madrileña Lurtis AI. Tuvimos la oportunidad de realizar encajes y operaciones automáticas, gracias a su software y a un pequeño motor impulsado por IA. Ha tenido una irrupción muy potente, pero ahora mismo creo que va a sufrir un pequeño bache y, más adelante, volverá a levantar el vuelo. La IA tiene influencia y es capaz de orientarnos y proporcionarnos opciones en el diseño de interiores y en el de fachadas. No obstante, hay tantos condicionantes dentro de un proyecto de arquitectura que es muy difícil que todos los resultados arrojados por la tecnología puedan ser tenidos en cuenta y que una simple orientación proporcionada por ella ‘dé en el clavo’. Además, requiere de una segmentación y estratificación de datos (tienen que estar bien clasificados y ordenados) que aún no se encuentran listas para operar dentro de nuestro ecosistema. Actualmente, estamos lejos todavía de que las herramientas de Big Data y Machine Learning nos puedan proporcionar información valiosa en el campo de la arquitectura.

 

 

 

 

P.: ¿Podría llegar la IA a sustituir a los profesionales de la arquitectura?

 

R.: Creo que en el futuro se van a desarrollar herramientas valiosas que ayudarán a los profesionales a desarrollar su labor. La realidad es que, desde que inicié mi trabajo como arquitecto, estoy observando que cada vez hace falta trabajar más horas para completar cada proyecto. Después de que el sistema BIM fue implementado, al contrario de la creencia que apuntaba a que permitiría simplificar las tareas y reducir el número de horas de trabajo, el empleo de tiempo por parte de los humanos es mayor en la actualidad, porque las exigencias, las justificaciones normativas y el alcance de los trabajos son mayores.

 

 

P.: Pero supone una ayuda, ¿verdad?

 

R.: Creo que la IA va a ser una herramienta que va a dar apoyo y simplificar ciertas tareas concretas, pero también la exigencia seguirá siendo cada vez mayor. Por ejemplo, cuando el próximo enero tengamos que empezar a calcular la huella de carbono en nuestros edificios, tendremos que invertir más horas de desarrollo, elegir materiales con menor impacto y, además, tendremos que hacerlo también para que entren dentro de los costes establecidos. Hay tantísimas áreas que perfeccionar en la arquitectura que, aunque la IA nos quite un 30% de nuestro trabajo, tenemos mucho por profundizar en el otro 70%, como por ejemplo en los parámetros de salubridad, de control de calidad del aire y del agua, etc. Siempre se ha dado el caso de que, cada vez que la tecnología nos ha cubierto un área, hemos encontrado cómo perfeccionar otras donde teníamos que suplir carencias, se ha creado la necesidad de realizar otras tareas que antes no existían. Además, siempre habrá un gap insalvable entre lo que hacemos y nuestra labor óptima.

 

 

P.: ¿Invierten los promotores lo suficiente en diseño y arquitectura?

 

R.: En España existen promotores que invierten en diseño, pero hay muy pocos que dispongan de un margen suficiente como para posibilitar diseños y soluciones que sean muy singulares. Lo que nosotros hacemos muchas veces es intentar que las ventajas que les aportamos por otro lado les sirvan como compensación si hay algún tipo de sobrecoste por diseño. Hoy por hoy, en el 95% de la promoción inmobiliaria no hay un margen suficiente, porque la (micro)economía en España no es lo suficientemente fuerte. Los precios de construcción y venta de edificios son altos, la productividad en este mercado es pequeña, y los márgenes también son pequeños. Así, todo aquello que tenga que ver con diseño que conlleve una mejora de precio o de rendimiento en metros cuadrados es bienvenido. Por eso, estamos empeñados en que la sostenibilidad de los edificios esté bonificada de alguna manera, mediante edificabilidad o algún tipo de contraprestación que la haga rentable. Si no, en nuestro mercado actualmente no hay un margen suficiente para todo aquello que no tenga un impacto directo en el precio de venta (o renta) de los edificios. 

 

 

P.: ¿Y las administraciones públicas? ¿Valoran bien la arquitectura?

 

R.: La supervisión y la potenciación de los proyectos en las entidades públicas suele correr a cargo de personas que son magníficos profesionales y trabajan al máximo para que los proyectos salgan bien. No obstante, si este no es el caso, se genera un problema, porque no hay mecanismos para corregir eso. Por ejemplo, ciudades como Málaga, Valdemoro y Madrid cuentan con unos profesionales muy involucrados. Hay municipios donde nos han dado licencia en el plazo de un mes y medio, como en el caso de Valdemoro. En otros, las licencias están listas en tres meses y, además, el técnico municipal se pone en contacto con los estudios de arquitectura para mostrar su interés en la gestión de la documentación y la puesta en marcha del proyecto. Sin embargo, hay otros que, cuando se les llama para preguntar por un expediente con un retraso de nueve meses, piden que no se les presione. Algunos ayuntamientos generan unas demoras injustificadas que no benefician a nadie, ni siquiera al propio funcionario. En paralelo, debo aplaudir que en Madrid, Málaga, Valencia y Barcelona están empezando a funcionar las entidades privadas que ayudan en la gestión de las licencias y han agilizado muchísimo los trámites. En Madrid, hace unos años, obtener una licencia costaba hasta un año de tiempo, mientras que ahora, con las Entidades Colaboradoras Urbanísticas (ECU), son entre dos y seis meses, por lo que hemos salido ganando. 

 

 

 

 

P.: ¿Qué medidas se deben aplicar de forma más urgente para resolver la falta de vivienda en España?

 

R.: Por un lado, se debe generar suelo, con criterio, con metros cuadrados construibles; no como en las últimas décadas, mediante ensanches despersonalizados, con retículas de calles y lugares donde el ser humano y el urbanismo no acaban de encajar del todo. Creo que hay que aprovechar la oportunidad que supone la urgencia de mejorar la sostenibilidad en nuestros edificios para contribuir a suplir esa necesidad de vivienda. Existen medidas que pueden producir una redensificación de los centros urbanos, mediante intentos de cambiar los hábitos de consumo: deberían reemplazarse las calderas de gas (que deberían estar obsoletas) por sistemas más modernos de calefacción y climatización. Este es un momento de regeneración de las ciudades y de flexibilización en los parámetros de edificabilidad, que generarían metros habitables y viviendas en las que posiblemente son las mejores ciudades del mundo para vivir. Según Forbes, España tiene cuatro de las diez mejores ciudades, debido a sus buenas dotaciones de servicios, su densidad (son ‘caminables’) y su clima benévolo. Creo que es el momento de la regeneración urbana, que lleva aparejada una redensificación, por lo que se puede generar vivienda en los centros de las ciudades. 

 

 

P.: ¿Cree que eso sería suficiente?

 

R.: También, habría que tomar otras medidas inminentes: en aquellos desarrollos que ya están aprobados, debe haber una mayor capacidad de generar vivienda, así como una cierta flexibilidad, ya que, al igual que ahora el mercado está pidiendo casas, mañana puede estar demandando oficinas. El urbanismo tiene que ser menos determinista y permitir que la última milla sea cubierta por el mercado. Este debe ser quien decida si se necesita más o menos edificabilidad de un uso o de otro. Creo que el mercado es más actual y va más acorde con las necesidades de las personas que una planificación hecha hace treinta años, que es lo que ha sucedido hasta ahora con los nuevos desarrollos.